EL ARTE DE LA SEDUCCIÓN

Acariciamos y posicionamos cuidadosamente las piezas. Alguno ha de mover primero irremisiblemente si se quiere iniciar el juego. Yo empiezo. Ejecutamos la apertura impertérritos, sin mostrar sentimientos de debilidad mútuos. Las primeras jugadas están cantadas. Avanzo y capturo. Error. He caído en la trampa de su esbirro y fiel peón envenenado.
- Jaque - me dice, devorándome con la mirada.
Me cubro de alfil y de forma sibilina, despejo la columna de torre que amenaza a la dama. Seguidamente captura mi torreón fortificado, al trote sobre su caballo, castigándome con su mirada indiferente. Cambio de táctica y repentinamente me enroco. Un nuevo nudo para la trama. Ella piensa que estoy perdido y avanza, pero le abro dos diagonales punzantes y tras mi último movimiento retrocede, noto que algo le sobresalta.
Entrego mi corcel para atraer de nuevo su dama a modo de celada. Entonces me ignora y tenazmente da un golpe seco con su torre, apartando sus ojos del tablero y mirándome a la cara, mi dama está clavada. Sus cuadros claves de debilidad se vuelven su mejor arma. Mi rey, mi alma al descubierto, baila en esa trama ajedrezada.
- Jaque, - y avanzo mi dama en posición desesperada.
En lugar de ir al blanco, se oculta en el oscuro escaque negro, aislado de las miradas del resto de sus figuras armadas. Mis ojos se clavan en los suyos como dagas acompañados de risa malvada. Tengo la presa encerrada.
De repente, su pié, descalzado bajo la mesa, escala hasta mi indefensa ingle. Saltándose las reglas, con una carta bajo la manga, me magnetiza y pierdo la mirada. Mi mano temblorosa mueve el alfil a la posición equivocada.
Toma su penúltimo peón y coronando caballo en la octava, sorpresivamente me da jaque, amenazando simultáneamente a su majestad, mi reina, mi pieza más codiciada ¡Qué estratega malvada! Muevo mi rey al cuadro débil y a la siguiente devora mi dama intimidada.
¡Que se ha creído, es una contracelada! Mi alfil de casillas negras navega por la diagonal y sonriente, levanto mi cabeza y en tono elegante cierro la partida:
- Jaque mate.
Partida ganada. Flota mi ego y mi alma. Por fin conquistada.
Mi bella antagonista no dice nada. Mientras esboza una sonrisa piensa para sí que tenía la partida ganada, pero en el ajedrez como en la seducción prefiere hacerme creer que ha sido ella la víctima cautivada.
Este post va dedicado para alguien que desayuna en el hotel enfrente de su casa
Enlace a otro relato antiguo de mujer, libros y ajedrez












unaovarios dijo
Tú siempre ganas? Ella es cazada? Pero su pie está en tu entrepierna antes del jaque mate. Quién es el dueño del triunfo? Quién conquista primero? Me ha gustado, excitante! Un beso sin perdón.
19 Mayo 2007 | 12:29 AM