HOMBRE ORQUESTA DE LA VIDA
Cuando somos niños nos parece que aporrear la pandereta o cualquier otro trasto es música. De cualquier forma que lo hagamos nos miran los papis con esa cara de "mira que niño más salao", aunque de vez en cuando tu abuela te dé la reprimenda por no dejarle dormir la siesta.
Cuando crecemos y nos inmiscuismos en tocar la canción que supone nuestra vida la cosa se complica.
Primero la flauta de la familia, relativamente fácil de llevar, simplemente con la boca y las manos. Acompañamos a su vez la melodía rítmicamente con los platillos y maracas que suponen los amigos que vamos encontrando, y aún así eso nos supone perder en ocasiones las notas de la flauta familiar.
A medida que crecemos nos cargan el bombo de las injusticias del mundo, de los problemas medioambiantales, de las guerras y el universo global y conseguimos acompasar todos los intrumentos a costa de que al principio se nos caiga alguno que otro de nuestras ocupadas manos y tratemos de volver a empezar.
Los estudios y trabajos nos suponen además coordinar los acordes de la guitarra a la tarea de cada día. Antes, después o simultáneamente a todo ésto, de golpe, te encuentras con ese instrumento, el amor-pasión, en forma de piano que se cruza por tu vida y que sin suponer esfuerzo extra, te apetece tambien tocar aunque sea sobreexponiendo tu capacidad de coordinar carga, extremidades, cuerpo, cerebro,... desafinando por doquier y tan difícil de sincronizar con el resto.
Nos convertimos en "hombre-mujeres orquesta" de la vida, dejándonos en ella la piel por intentar simultanear flauta, platillos, bombo, piano, guitarra y demás, cambiando de instrumentos a modo de ensayo general por nuestro sino e incluso sin perder nuestro pequeño rincón de identidad a modo de tarareo al micro vocal colgado del cuello.
A veces compartimos melodias y serenatas con otros "hombres-mujeres orquestas" que se nos cruzan. Que bien lo llevan algunos y como lo acompasan mientras otros a duras penas pueden con un instrumento y poco más. Unos, convertidos en directores de su misma orquesta y de otras, otros dejándose llevar. Enseñando, aprendiendo, ignorando a los que no oyes, admirando a los que te deleitan, así vas pasando por la vida.
Perdemos el ritmo de uno, cogemos el de otro, abandonamos un instrumento eternamente y lo volvemos a recuperar, se nos rompen, reparamos.... A veces vienen las cuestas arribas y ni siquiera la flauta podemos tocar. Otras, la descomunal orquesta se nos hace poco, y cuesta abajo, adornamos la melodía con mandolinas de sueños, trombones de lecturas, arte o ilusiones o acordeones viajeros amoldándonos cada uno a nuestra orquesta particular.
Toda la vida peleando para que cuando afino con la flauta, el trombón no suene mal, que cuando lleve las manos cansadas, empiecen las piernas a deleitar, que cuando la voz esté ronca, los labios empiecen a soplar de nuevo, todo a un compás. Aprendiendo toda la vida a tropezar y levantarse de nuevo.
Y descubres que cuando crees tener el equilibrio, tal día como hoy por ejemplo, alguien te está pisando el cable hace ya tiempo, te sabotea las cuerdas de la guitarra o te cambia la partitura de lugar para que vuelvas a errar y ser él, único protagonista del concierto de tu trabajo, el de los aplausos, el del clamor popular. El mismo al que tu estás enseñando a tocar o al que con tus acordes ayudas a que su música suene celestial.
A veces pienso si merece la pena tocar más.
NO TIENEN PERDÓN









unaovarios dijo
Me ha encantado, melodiado... con virtuosismo has cantado la canción de muchas vidas y amores... Un beso con perdón
18 Junio 2007 | 08:17 PM